Dejar el sufrimiento
19 de Mayo de 2012 por
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Decía la eminente psiquiatra, ya fallecida, Elizabeth Kübler-Ross (Zurich, 1926) que el ser humano debía desarrollar los cuatro pilares de su ser: el material o físico, el emocional, el intelectual y el espiritual. Kübler-Ross era una experta en tanatología, -el tema de la muerte y de los enfermos terminales-, de hecho ella misma había acompañado en ese trance a miles de personas, incluidos niños.
Una de sus obras más destacadas y leídas es “La muerte un amanecer”, donde podemos constatar toda su dimensión humana y espiritual, absolutamente recomendable para todas aquellas personas que hayan sufrido la pérdida reciente de un ser querido.
En todo caso, y siguiendo con el inicio del artículo, yo, como psicólogo y terapeuta, no entiendo la curación de una enfermedad psíquica y la superación del sufrimiento sin el desarrollo de las cuatro dimensiones, apuntadas por Kübler-Ross, del ser humano. Pero intentar salir del “intelecto trivial” que predomina hoy en día es tarea harto difícil, incluso en un proceso terapéutico. Y es que en muchas ocasiones espero varias semanas a introducir palabras como espíritu o alma, y mucho menos la idea de Dios, ya que ante la moda actual del relativismo ideológico y de la banalización de todo hecho no material, uno corre el riesgo de ser tildado de irracional o de esotérico. En otros casos ni siquiera los menciono, aunque yo me inspiro continuamente en esos conceptos para hacer mi labor de ayuda y resolución de los problemas o trastornos que presenta el paciente.
Ante el vacío existencial y espiritual predominante, ante la ingeniería social derivada de políticas caprichosas y ante el ataque constante y permanente a cualquier atisbo de espiritualidad enraizada con las grandes tradiciones místicas de la humanidad, (no así con la espiritualidad “light” y a la carta, producto de la misma sociedad), el ser humano vagabundea solo, atomizado y con vínculos cada vez más débiles, en la búsqueda de no se sabe qué y tratando de compensar ansiosamente esa soledad interior con relaciones efímeras y compulsiones reactivas de satisfacción inmediata.
Y ante eso, muchos caen en el sufrimiento, en la sintomatología permanente, en forma de ansiedad, depresión, apatía, adicciones, obsesiones o fobias. No solo es la predisposición genética o la vulnerabilidad ante un ambiente hostil lo que hace que un individuo enferme sino también el escaso o nulo desarrollo de esas cuatro dimensiones humanas, y, para no dejar sin respuesta la tesis de este post, voy a dar algunos ejemplos concretos de cómo desarrollarlas.
De menor a mayor importancia:
- Dimensión material: Práctica de ejercicio físico o deporte. Trabajar. Estudiar. Seguir una trayectoria coherente.
- Dimensión emocional: Establecer vínculos amistosos, ya sea en grupos libremente formados o en asociaciones. Relaciones familiares. Compromiso de pareja (firme y duradero). Creación de una familia.
- Dimensión intelectual: Lectura de las grandes obras de la literatura y de la filosofía universal: Dostoievski, Shakespeare, Tolstoi, Mann, Hesse, Shakespeare, Cervantes, Borges,… Kant, Montaigne… Apreciación de la música y el arte en todas sus dimensiones.
- Dimensión espiritual: Consulta y lectura de textos sagrados del cristianismo, del budismo, taoísmo, judaísmo, islam, … Oración, meditación, práctica del yoga u otras dirigidas a elevar esta dimensión.
Tomás de Aquino decía que el ser humano es lo superior de la tierra y lo inferior del cielo. Nuestra naturaleza animal posee una porción de divinidad y hay que desarrollarla con el fin de crear alma y ser ayudados por el espíritu.
Damián Ruiz
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